Han pasado ya 2 años desde que tu vida terminó y aún tengo grabado en la mente los detalles de lo que sucedió esa noche.
No hay forma de olvidar esa llamada de tu amigo diciéndome “Ángela, siento mucho lo que tengo que decirte, pero Leo tuvo un accidente”. En ese momento sentí que la sangre se me helaba, mi corazón latía tan fuerte que sentí que se me salía del pecho. No tuve tiempo de gritar, ni de llorar. Por un momento mi mente se paralizó y después reaccioné. Al llegar al hospital sentí un dolor en el pecho y supe que tú ya no estabas aquí.
“Ángela, tu esposo falleció” esas palabras retumbaron en mi cabeza. “No, esto no está sucediendo” “Esto no es verdad” “¿Cómo les digo a mis hijos que su padre falleció?” tantas preguntas que pasaron por mi mente en una fracción de segundo y ninguna respuesta.
Esa pesadilla duró algunos meses, hasta que por fin desperté. Supe que era real. Tú habías muerto y no ibas a regresar.
Dejé de estar esperando a que en cualquier momento regresaras a casa o me llamaras por teléfono. Tuve que despertar a ésta realidad, tan triste que yo no pedí. Una realidad que duele en lo más profundo de mi corazón. Me duelen los huesos, me duele el cuerpo, el alma, no sé qué me duele, pero me duele todo. Todo mi mundo se vino abajo. Me duele tanto tu ausencia.
Enfrentar la vida sin ti, ha sido demasiado difícil. Cada día supone un nuevo reto. Levantarme de la cama para ir a trabajar, cuidar de los niños, todo. Hay días en los que me caigo y me siento más fracturada que nunca. También es cierto que, poco a poco estoy viendo que los días son buenos, sobre todo aquellos en donde logro entender y abrazar este dolor y de algún extraño lugar dentro de mí, sale fuerza para seguir adelante.
Nuestros hijos son mi motor para no dejarme caer. Recordar tus palabras de aliento cuando enfrentaba una situación difícil, me ayudan a seguir. Sé que tu habrías querido que siguiera viviendo y que lograra ser feliz a pesar de esta situación.
Leo, he estado muy enojada. Tengo coraje con la vida y con Dios. ¿Por qué tuviste que morir así, tan joven, tan de repente y sin razón alguna? Tantos planes que teníamos por vivir. No es justo que Dios te haya arrebatado la vida a los 43 años. Nuestros hijos aún son pequeños y tú ya no estarás para verlos crecer y para enseñarles a vivir. Tanto futuro que teníamos juntos.
Siento una responsabilidad enorme sobre mis hombros para sacar adelante y criar a nuestros hijos. Nunca imaginé que la vida me pondría esta prueba tan grande. También estoy enojada contigo ¿por qué me dejaste sóla con esta responsabilidad? ¿y si no logro ser una buena madre para ellos? Te juro que no entiendo por qué las cosas tuvieron que suceder así.
Quiero que sepas que comencé a ir a terapia. Me di cuenta que esto era demasiado doloroso para enfrentarlo yo sóla. El camino de mi duelo no ha sido fácil, pero poco a poco he logrado abrir mi mente y mi corazón.
Ahora comprendo que tu vida se terminó, pero no lo que siento por ti. Que este amor, es la llave maestra que me permitirá recordar tu vida y honrarla por el tiempo que me quede de vida. Que tu vida sigue estando presente a través de nuestros hijos y que es el regalo más grande que me pudiste dar.
Ahora entiendo que Dios no te arrebató la vida, sino que tú cumpliste con tu misión y que llegó tu momento de partir. Que no me abandonaste. Que estas cosas les pasan a todos, no importan si son jóvenes o viejos, si son buenas o malas personas, simplemente todos somos seres vivos y en algún momento moriremos.
A pesar del dolor, cada día me doy la oportunidad de respirar y de sentirme viva y de seguir adelante. Me he acercado mucho más a Dios, pero ya no le reclamo porque te arrebató de mi vida, ahora, le doy gracias por el tiempo que estuvimos juntos y por todo el amor que me regalaste cuando estuviste vivo. Todos los días les recuerdo a nuestros hijos que tuvieron un padre que los amó siempre y que desde donde estés, sigues amándonos y cuidando de nosotros.
Siento que mi fe y mi espiritualidad han crecido. Me siento más tranquila y fuerte ahora que abrazo la idea de recordar tu vida y no tu muerte. Todo éste dolor me ha llevado a hacerme muchas preguntas ¿tenemos una misión que cumplir en esta vida? ¿qué sentido tiene el que lleguemos a sufrir tanto? ¿hay vida después de lo que llamamos muerte? Y siento que sí, tu cumpliste con tu misión. Fuiste un buen hijo y hermano. También el mejor esposo que la vida me pudo dar. Fuiste un excelente padre y siempre demostraste tu cariño a todos los que te rodeaban. Me siento feliz y agradecida por tu amor. Aunque tu partida me ha dolido mucho, tiene más peso el tiempo que compartimos juntos y el amor que siento por ti.
Te extraño Leo, te extraño demasiado. Me haces mucha falta, pero quiero que te sientas tranquilo por mí y por los niños, estamos recuperando la alegría de vivir y de seguir sonriendo.
Comprendí que mientras siga aquí, viviré plenamente, disfrutando cada momento. Tengo deseos de seguir cumpliendo nuestros sueños. Ahora, yo quiero cumplirlos en nombre de los dos. Hasta que sea mi momento de partir y encontrarme nuevamente contigo en la luz.
Te entrego a Dios y siempre te llevo en mi corazón. Tu muerte me hace abrazar más la vida.
Con todo mi amor,
Ángela
Un abrazo con el alma,
Mujer de Luna